Tortura en la plaza

Microrrelato por Yaiza Ureña

El sentimiento de estar acorralado no me dejaba actuar con claridad, aunque más que un sentimiento, era una realidad.

No tenía sentido de la orientación y solo podía notar mi sangre cayendo, deslizándose sobre mi piel, quería escapar de las constantes punzadas que me atacaban sin ninguna razón, mientras el agresor era animado por sus acompañantes a seguir, lo que, para mí, era una interminable tortura. 

Finalmente, mi cuerpo sin fuerzas cayó sobre el suelo y mis cuernos se enterraron en la arena de ese gran ruedo, rodeada del bullicio y los aplausos de las personas.

Redactor junior

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