¿Juventud de cristal o adultos de piedra?

El cristal más fuerte y duro del planeta

Por: Yorgelis Paz

La nueva generación de adolescentes, nacidos después del 2000, ha recibido un bombardeo de comentarios negativos sobre la manera en la que han decidido luchar por un mundo donde la libertad, la aceptación y el respeto de los derechos de los demás sea una prioridad y no una opción a la que pocos puedan acceder.

Mientras este movimiento se desencadena, surgen términos peyorativos como “Generación de cristal”, que se empleó por primera vez por la filósofa española Monserrat Nebrera. Ella lo utilizó para denominar de manera despectiva a los jóvenes de la actualidad, puesto que, según su opinión, “los adolescentes de hoy en día son más frágiles, inestables o inseguros y también pueden llegar a tener poca tolerancia a la crítica, al rechazo y a la frustración a consecuencia de que han sido criados por personas que vivieron épocas de carencia y que han trabajado por darles todo para que no les falte nada como a ellos en su momento”. 

De la misma manera, hay opiniones encontradas respecto a este punto de vista. Según explica Jessica Mejía, la directora del programa de Psicología del Area Andina (Valledupar, Colombia), “no es precisamente una generación frágil, es una generación que ha crecido en un contexto en el que está bien demostrar que se es vulnerable, por consiguiente, no son débiles, porque a diferencia de las generaciones pasadas, no le temen a cuestionar lo que consideran que no está bien, han sido una generación a la que padres y cuidadores le expresan el afecto de forma más abierta, con palabras de amor y aprobación, pero también son una generación más expuesta a la presión de grupo y la crítica social”. 

Por otro lado, Francisco Javier Acuña Lamas, presidente del Instituto Nacional de Transparencia de México, argumentó que los “jóvenes de cristal” tienen una vulnerabilidad inherente a la era digital y que por eso siempre sienten la necesidad de expresar pensamientos, sentimientos y miedos o remordimientos. En consecuencia, también se distinguen por el hecho de que son defensores de temas globales y están en desacuerdo con las figuras de autoridad. De la misma manera, para debatir esta teoría de Acuña Llamas, la psiquiatra española Marta Carmona expresa que la aparición de las redes sociales ha ayudado a que más jóvenes hablen abiertamente del malestar que les provoca el mundo en el que viven, acotando que “es una generación que se va a tener que hacer cargo de las cenizas de una sociedad y de un planeta que lleva décadas quemándose y que exterioriza mucho más ese malestar porque le han visto el cartón al sistema”.

Quizás la “generación de cristal” sea la chispa del cambio, una nueva conciencia que no cree en la tradición ni en la injusticia. Que no se queda cruzada de brazos, que no se conforma y que prefiere mil veces ser calificada como “de cristal” porque sus sentimientos no son los de una piedra. En mi opinión, ser denominados “generación de cristal” no es una ofensa porque, entonces, creo firmemente que somos los creadores del nuevo material más fuerte y resistente de nuestro tiempo y que, además, somos el relieve que se levanta en un espejo roto llamado “sociedad” para cortar las manos de los que nos quieren amarrar a una serie de costumbres y tradiciones retrógradas. Por ende, si nos hemos de referir a los jóvenes como personas de cristal es porque como dijo Amaya Vizmanos, ganadora del premio Innovadora Junior 2020, “somos una generación tan valiosa como esa copa de cristal en la que el vino, que mejora con los años, siempre sabe mejor”.